40 ANIVERSARIO DE LA HUELLA DE CEUTÍ

40 ANIVERSARIO DE LA HUELLA DE CEUTÍ
Comenzaremos la próxima temporada de “EL ÚLTIMO PELDAÑO” con un programa especial conmemorativo de este evento en el que entrevistaremos al descubridor de la huella: Pedro Maldonado.

Sucedió el 13 de agosto de 1978, cuando un grupo de jóvenes encontraron unas extrañas huellas en el borde de un apartado camino, en medio de un solitario lugar. Un paraje denominado “Los Rodeos”, distante siete kilómetros de la población de Ceutí. La forma y dimensiones de la huella son tan curiosas como los sucesos que envolvieron su descubrimiento.

Pedro Maldonado Vicente, delegado en Ceutí del Centro Investigador de Fenómenos Extraños (C.I.F.E.), había organizado una expedición de rastreo a una zona en la que en fechas anteriores se habían denunciado avistamientos de extrañas luces que evolucionaban a baja altura.

Ya existian precedentes en esos parajes de observaciones de OVNIs desde hacía algún tiempo, además en fechas muy próximas a la del hallazgo de las huellas. Avistamientos que coincidieron en el tiempo con la desaparición de un perro de raza pastor alemán, propiedad de un agricultor que tenía una casa muy cercana a la zona; aquel hombre no se explicaba cómo alguien podía haberse llevado su perro sin dejar señales de violencia.

En la noche del día mencionado, el grupo que dirigía Pedro Maldonado provisto de linternas avanzaba por un camino, cuando alguien se percató de siete marcas que se encontraban al borde del sendero. Al iluminar las marcas se dieron cuenta que se trataba de huellas de una extraña “pata” que ellos no eran capaces de identificar con ningún animal conocido. Además se daba la curiosa circunstancia de que la primera y la última de las siete huellas encontradas se hundían más en el terreno que las otras cinco intermedias.

Todas ellas estaban en línea recta y parecían corresponder a una especie de “pie” derecho. Todo podría indicar que se tratase de un ser bípedo, y darse la circunstancia de que la pata izquierda no se hubiese marcado en el terreno por pisar una zona de camino muy dura y compactada, mientras que la derecha lo había hecho en el polvo acumulado justo en el borde de la senda.

De inmediato, algunos de ellos regresaron al pueblo y volvieron provistos de escayola y agua para hacer un molde de las huellas. Aquel “negativo” tridimensional permitió que la huella fuera estudiada por expertos, los cuales no llegaron a ninguna conclusión sobre la identificación de supuesto animal que la podría haber provocado. El caso quedó “sin resolver”.

Lo que sí se pudo hacer es determinar el peso aproximado del ser, gracias a la medición de la tensión característica del terreno en el punto donde se encontraban las huellas y de la profundidad de las mismas. Con todos los reparos razonables, se estimó que en caso de que aquel animal fuese realmente bípedo estaríamos ante un ser de 50 kg.

¿A qué animal podrían corresponder estas extrañas huellas? ¿Qué hacía un animal desconocido dando un pequeño paseo de tan sólo siete pasos en un paraje perdido y desértico de la Región de Murcia? ¿Podría existir alguna relación entre los objetos voladores no identificados avistados, la desaparición del perro y las huellas encontradas? Después de cuatro décadas, estas preguntas siguen sin encontrar respuesta.

(c) Texto y fotos: Joaquin Abenza

 

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